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Punto de vista

Por Javier Andrés Baquero

 

MPPU
FOTO: AURELIO SOTO DUQUE

Actualmente la relación entre ciudadanía y políticos no es la más favorable de todos los tiempos, es una relación conflictual y con frecuencia instrumentalizada por ambas partes, ya que la denominada “real política” ha llevado la política a su mercantilización en su momento pacífico y al enfrentamiento en sus momentos más violentos. En esta relación con frecuencia nos hemos concentrado en analizar el fenómeno desde la responsabilidad del político, ya que es el más visible y más fácil de individuar para ser juzgado su comportamiento.

Sin desconocer la gran responsabilidad de los líderes políticos, en esta ocasión quisiera que nos preguntáramos sobre la responsabilidad de la ciudadanía, sobre cómo ve y se relaciona con los políticos, para lo cual sugiero algunas preguntas ¿El ciudadano en una relación vertical, hace del político un ídolo por conveniencia o construye de este la imagen del enemigo del pueblo? ¿Reduce la relación con el político a una transacción de un voto por la gestión de sus intereses particulares, exigiendo que en el desarrollo de sus funciones tome decisiones que le beneficien o le suministre cierto bien o favor? ¿La única forma de referirse a los políticos con generalizaciones y estigmatizaciones, juzgan su actuar sin información y contexto? ¿Se es consciente de los grandes esfuerzos que se suelen hacer para ejercer estos cargos, que implican la exposición pública de la vida personal, la destinación de largas jornadas de trabajo, el estrés permanente por resolver los incontables problemas en el menor tiempo posible, el poner en riesgo el patrimonio personal y en muchas ocasiones la libertad y vida propia?

Siendo la ciudadanía la mayoría proporcional en esta relación, es altamente responsable en la transformación de la política, para lo cual se debe resignificar esta relación, que genere así una nueva cultura política.

Para construir esta nueva cultura política, se requiere que el ciudadano primero vea en el político la persona humana, que reconozca que ejerce una profesión igual de importante que cualquier otro oficio, generando relaciones horizontales de corresponsabilidad. Que el político ejerce una función social de intermediación para el bien común y no para sus intereses particulares, por lo tanto, no determine la relación con el político con sus necesidades personales. Que el bienestar de una sociedad no solo es responsabilidad del Estado, por lo tanto, no espere solo respuestas y hágase parte de la solución. Que la denuncia se debe tomar muy en serio para promover la transparencia, pero permanecer solo en los calificativos negativos sobre los políticos solo aumentan la distancia con la ciudadanía. El elegir un político y no acompañarlo (de forma desinteresada) es irresponsable al no reconocer la necesidad de contar con la alteridad para confrontarse y la oportunidad de corregir los errores.

Es esta una realidad experimentada por el MPPU Colombia, en el acompañamiento a políticos de diversos sectores políticos. Una relación fraterna entre ciudadanos y políticos no es dependiente, no es clientelar (no es un intercambio de favores), no hay rey y súbdito, no hay enemigo y contrario; hay personas responsables con un nosotros universal, que deciden salir de sí mismos para amar la humanidad.

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