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Punto de vista

Por: Luis Henrique Marques

En los últimos años, la capacidad de escucha y aceptación mutua ha fallado. Las polarizaciones en temas políticos, sociales, éticos y religiosos crece y se intensifica. En estas situaciones, la forma de comunicarse es crucial, tanto a nivel personal como en los medios tradicionales y sobre todo en las redes sociales

Soy periodista y trabajo como editor en jefe de la revista Cidade Nova. Al igual que muchos colegas, experimento el dilema de afrontar la polarización política e ideológica que ha tenido fuertes repercusiones en las relaciones entre las personas en Brasil y en otras regiones del mundo. Es una situación agotadora, porque se ha vuelto difícil presentar la verdad de los acontecimientos políticos sin que esto sea interpretado negativamente (y a veces agresivamente) por una de las partes en causa. Además, Cidade Nova tiene precisamente el fin de promover el diálogo, que es exactamente lo contrario de la polarización.
Pero ¿por qué se da tanta polarización político-ideológica? Para dar una idea de la complejidad de la situación en Brasil, parto de una encuesta realizada por un grupo de investigadores de las áreas de Ciencias de la Computación y Ciencias Sociales de la Universidad de San Pablo, publicada en 2018. Según este estudio, el 52 % de los los brasileños que viven en ciudades se alimentan de noticias a través de Facebook y cerca de 12 millones de usuarios de esta red social interactúan con páginas de temas políticos. Se comprende entonces la fragilidad de la información sobre los hechos de la política en Brasil.
La polarización se intensificó cuando, en 2014, las protestas contra el aumento de las tarifas de autobús y metro invadieron las calles de Río de Janeiro y San Pablo. La movilización, que comenzó a través de las redes sociales, resultó en la reducción de ambas tarifas.
Las sucesivas protestas contra las inversiones públicas para la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos y contra la corrupción reforzaron las posiciones de los manifestantes, básicamente divididos en dos grupos principales: la izquierda, que reclamaba mejoras en los servicios sociales y la derecha, que condenaba la corrupción en el gobierno de la entonces presidenta Dilma Rousseff. Esta polarización resurgió con más vehemencia con las manifestaciones de la derecha y de la izquierda respectivamente a favor y en contra del juicio político a Rousseff. Con el agregado de posiciones opuestas sobre cuestiones morales, el conflicto político-ideológico alcanzó su punto máximo con el arresto del expresidente Luís Inácio Lula da Silva y, finalmente, con la elección de Jair Messias Bolsonaro (de la ultraderecha) a la presidencia tras derrotar a Fernando Haddad, candidato apoyado por Lula.
Aunque no de una manera tan neta y definida, en muchos lectores de Cidade Nova encontramos una posición similar a la polarización que acabamos de describir, alimentada por extremismos tanto de izquierda como de derecha. Especialmente en las redes sociales, se dio lo que podemos llamar un “diálogo entre sordos” y se generaron discusiones políticas llenas de pasión pero carentes de argumentos y, sobre todo, de respeto hacia los interlocutores.

Estrategias para fomentar el diálogo
En este clima de agresión, que a menudo se alimenta en las redes sociales con el uso generalizado de noticias falsas, nuestro equipo editorial ha optado por algunas estrategias con el objetivo de fomentar el diálogo. Es una experiencia que ciertamente no nos ha preservado de los errores y está en constante evolución, y que no ha podido dar una respuesta resolutiva a la profunda crisis causada por la polarización. Sin embargo, vemos señales positivas, especialmente en nuestros lectores, y tenemos la esperanza de poder continuar con un periodismo ético, que, sin renunciar a expresar críticas e incluso denuncias, insiste en el método de diálogo.
En términos concretos, dimos algunos simples pasos. En primer lugar, no evitamos los temas políticos (lo que hubiera sido más cómodo), sino que continuamos abordando los problemas de esa área con el objetivo de estimular la conciencia crítica y el diálogo. El momento de crisis política ha favorecido, de hecho, una mayor participación de los ciudadanos, de una manera apasionada y desorganizada. Esto es positivo si consideramos la tradicional posición de renuncia a “meterse” de muchos brasileños con respecto a este ámbito.
Hemos procurado ir más allá del mero debate político-partidario presentando temas que favorecen un diálogo sobre el escenario político, como por ejemplo ¿A quién le gustaría tener en el Congreso?, sobre la importancia del poder legislativo, a menudo pasado por alto por los votantes (edición de septiembre de 2018); o Nuevo Congreso Nacional, viejos desafíos, con un análisis del parlamento elegido en 2018 realizado por expertos, políticos y activistas (febrero de 2019). También hemos privilegiado los temas de la administración pública que favorecen una lectura más amplia del cuadro político, lo que lleva a los lectores a considerar las realidades concretas de su vida cotidiana y no la mera disputa de poder.
Otros artículos en la revista han cuestionado la polarización política misma hablando del diálogo como método político y criticando posiciones idealizadas y extremas. Fue el caso, por ejemplo, de la portada de mayo de 2018, titulada “¿Cuál es su Lula?”, que tuvo el propósito de mostrar las idealizaciones que ambas corrientes del debate habían construido sobre la figura del expresidente. Para abordar este problema, invitamos a escribir a lectores de diversas convicciones políticas. Lo que luego publicamos fue el resultado de esta conversación cuyas posiciones fueron examinadas por expertos. Otro ejemplo: “Alerta a la democracia” (octubre de 2018) sobre la posible “fatiga” de los brasileños con respecto a la democracia.
También nos hemos esforzado por demostrar que la acción política no se limita a los debates que se realizan cara a cara o en un entorno virtual, sino que se lleva a cabo a través de acciones sociales concretas que transforman la realidad y, por lo tanto, también son iniciativas políticas. Esta fue la intención, por ejemplo, del artículo “Revolución de los jóvenes” (agosto de 2018) sobre algunas iniciativas políticas, sociales y culturales de un grupo de jóvenes que cambiaron la vida de un pueblo pobre del Nordeste oprimido por la sequía. Otro artículo, “Una ola de solidaridad” (febrero de 2018), presentó una iniciativa de solidaridad de habitantes de Río de Janeiro a favor de los funcionarios que no cobraban sus sueldos desde hacía meses. Este protagonismo positivo también se identifica con personas cuya experiencia, aunque no es una respuesta definitiva a los complejos problemas políticos, es de luz para una política nueva, dialógica y participativa. Lo hablamos en el artículo de portada del número de marzo de 2019, titulado “Cogobierno: modelo de gestión participativa” [ver Cn de abril] que presenta las experiencias del congreso homónimo realizado en enero de 2019 en Castel Gandolfo (Roma).

Aceptar y conciliar abordajes alternativos
Por último, hay que decir que este compromiso con el diálogo comenzó antes que nada entre los profesionales de la redacción y con miembros de otros sectores de la editorial. En la medida de lo posible, se extendió luego a los colaboradores y a los lectores que indicaron su disponibilidad. Apuntar al consenso significó cuestionar la visión de uno para conciliarla con enfoques alternativos y hacer que nuestra manera de ver las cosas sea más equilibrada. Este es un ejercicio a veces muy exigente. Pero este esfuerzo ha encontrado, por lo que pude constatar, un eco positivo de gran parte de nuestros lectores. Esto nos empuja a continuar en este camino, con la conciencia de que las respuestas son el fruto de una experiencia colectiva, de un diálogo que comienza con un profundo respeto por el otro. Una actitud en la que la búsqueda de la verdad de los hechos no se superpone a la caridad.

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